Revista Cultura & Trabajo

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Edición Número 83 - Sección General

09 Contrato sindical vs. cooperativas de trabajo asociado. El criterio de la CGT


HOY, EL MUNDO LABORAL, SE DEBATE ENTRE LA FORMALIDAD Y LA INFORMALIDAD, SIENDO ESTA ÚLTIMA, UNA LIMITANTE PARA la generación de fuentes de empleo estable y digno, como es suficientemente conocido por la opinión nacional.

Por espacio de 40 años de existencia, que celebraremos a la par con nuestro IX Congreso Nacional del 25 al 28 de abril de 2011, en la CGT nos esforzamos por el diálogo social y tripartito, trabajando a la vez por la inclusión de todos los trabajadores en un marco de derechos que posibiliten el mejoramiento de su calidad de vida y el ejercicio pleno del derecho de asociación al amparo de los Convenios 87 y 98 de la OIT, en el entendido de que a través de la contratación colectiva es posible darle alas a la productividad y a la competitividad tan necesarias para el país, y reivindicar la defensa de la industria nacional y del empleo sin la apología a la confrontación con que nos han acostumbrado a manejar el mal denominado conflicto colectivo.

La CGT ha defendido con ahínco la contratación colectiva, como el instrumento por excelencia para regular las relaciones laborales, tanto en su componente administrativo (estabilidad, disciplina y procedimientos) como en el económico (prestaciones y beneficios extralegales), aprovechando la negociación como un espacio propicio para mejorar las conquistas convencionales y laborales, sin desbordar las posibilidades de la realidad económica y operativa de las empresas. De esta manera, le apostamos a la empleabilidad, entendida ésta como la posibilidad de mantener los puestos de trabajo actuales y generar otros.

Como quiera que no todo lo que deseamos es posible lograrlo, al menos en esta etapa, la expansión que buscamos de la convención por cuanto ella lleva implícita la contratación directa, y ésta se ha venido a menos siendo suplantada por distintas formas de tercerización que impiden la sindicalización y precarizan la relación laboral, hemos mirado con interés esa figura tan poco conocida y explorada, atacada furiosamente por muchos dentro del mismo movimiento sindical, pero plenamente consustancial al derecho de asociación (sindicación como lo denomina la OIT) cual es el contrato sindical, consagrada en nuestra legislación laboral, artículos 482, 483 y 484 del CST y el Decreto 1429 de 2010, del que se sacaron algunas enseñanzas sobre cómo construir confianza, salvar y generar puestos de trabajo dignos, con la participación de reconocidos asesores jurídicos y un grupo importante de dirigentes sindicales.

Establece dicho decreto en su Artículo 1º que el contrato sindical es un acuerdo de voluntades de naturaleza colectivo laboral, con lo cual se aclara su naturaleza y le permite deslindar campos con la intermediación y la tercerización, fenómenos dentro de los cuales se le sigue ubicando por distintos analistas y aún por sectores del movimiento obrero, por falta de profundización. Adviértase que además puntualiza su rango de institución del derecho colectivo del trabajo, controvirtiendo anteriores jurisprudencias de la Corte Suprema de Justicia en las que, partiendo de los elementos del contrato, lo entendían como un contrato civil, ignorando su naturaleza laboral colectiva.

La reglamentación introducida a la vieja norma plasmada en los artículos 482 y 483 del Código Sustantivo del Trabajo, acentúa la diferencia del contrato sindical colombiano con respecto a los denominados “contratos colectivos de protección patronal” vigentes en México, los cuales, sin embargo, no pueden estar exentos del espíritu y trasfondo ético y jurídico que les es propio como norma laboral. De ahí que no estemos de acuerdo con su satanización.

El trabajador no es contratado por una empresa intermediaria; el sindicato como ente jurídico es el que lo agrupa y representa, y el trabajador como afiliado ejecutor realiza su labor de forma directa.

Con la expedición del Decreto 1429 de 2010, el gobierno nacional da un paso importante en la lucha contra la tercerización representada en las empresas de servicio temporal, las órdenes de prestación de servicios y las cooperativas de trabajo asociado que, desvirtuando su objeto, se han dedicado a la intermediación en el empleo. Es por lo tanto una herramienta valiosa que, de ser ampliamente utilizada, generaría profundos cambios en el mundo del trabajo en Colombia.

Además, privilegia la naturaleza del contrato sindical, lo que incide en mejores condiciones de negociación entre el sindicato y el empresario que con la organización contrate, que han de traducirse en beneficios para los afiliados ejecutores. Muchas consideraciones sobre corrupción y malos manejos, basadas tan sólo en el argumento de las altas sumas de dinero que entran a manejarse por el sindicato no caben en este análisis y suenan peregrinas, en tanto se presupone un estricto manejo ético y transparente por parte de la junta directiva del sindicato, aparte de que el tema de la moral no se relaciona con la prosperidad de la organización, sino con la actitud y con el carácter del dirigente. Sería como afirmar que la honestidad del sindicalista depende tan sólo de que su organización maneje sumas ínfimas de dinero. ¿En qué cabeza cabe tal apreciación?

Tampoco la democracia interna puede considerarse amarrada a la autonomía que pueda tener o no el sindicato frente a la ley. La democracia es un valor inherente al movimiento sindical, que debe salvaguardarse y acatarse independientemente de las normas de autonomía que puedan expedirse, en el entendido que todo acto dirigido a vulnerarla o a desconocerla, deriva inevitablemente en el acabose de la organización. Además la asamblea sigue siendo la autoridad máxima del sindicato, y el espacio por excelencia en el que los trabajadores planteen iniciativas sobre la forma de negociar colectivamente sus intereses, no quedándose en la condición individual de sujetos sumisos sino elevándola a la de sujetos activos y participativos.

Quienes se encuentran obstinados en proferir toda clase de improperios contra el contrato sindical deberían de hacer un alto en el camino para reflexionar en torno a que el enemigo a vencer son las CTA y otras formas deslaborizadas de tercerización laboral. Lo ideal hacia el futuro es la contratación directa e indefinida, sin embargo, mientras logramos el estado ideal, preferimos el contrato sindical a las cooperativas de trabajo asociado. Huelga afirmar nuestro profundo desacuerdo con el Decreto 1429 de 2010 cuando este cambia la figura del salario por el de compensación para las personas vinculadas con el contrato sindical, este aspecto debe ser reformulado de manera inmediata.

El Estado colombiano está obligado a enfrentar la informalidad laboral, pues el tema del trabajo ha entrado a pesar cada vez más en las agendas globales, tanto como los derechos humanos y el medio ambiente. De allí que los mayores obstáculos para la ratificación del tratado de libre comercio por parte del Congreso de Estados Unidos, así como los que en su momento registraron los acuerdos comerciales con Canadá y la Unión Europea, tengan que ver precisamente en la situación de los derechos fundamentales en Colombia. El Decreto 1429 puede registrar aún vacíos y requerir por lo tanto no pocas precisiones y mejoras, pero representa un instrumento de gran valor para enfrentar en la actual coyuntura el debilitamiento preocupante del movimiento sindical en nuestro país

Autor: Julio Roberto Gómez Esguerra

Publicado el (día/mes/año): 26/05/2011


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