Revista Cultura & Trabajo

<< Volver al índice de la editorial 61 - Volver al índice de ediciones

Edición Número 61 - Sección General

La democracia se radicaliza o muere


En un restaurante del sector más turístico de Cartagena de Indias, Colombia, en Boca Grande, a unos 35 grados centígrados, y con un sol que invitaba más a la playa que a la reflexión académica, un gran conversador portugués, y que conoce a fondo el mundo globalizado y sus efectos en la sociedad, se dio cita con tres integrantes de la Escuela Nacional Sindical, para conversar sobre la democracia en el mundo laboral.
Este gran conversador era la estrella del Foro Social Mundial Temático que por esos días se realizaba en Cartagena: Boaventura de Souza Santos, de la ciudad de Coimbra, académico especialista en el tema de la democracia y todavía creyente de la sociedad civil.

ENS: ¿Qué piensa usted de la crisis de la sociedad del trabajo y de la crisis de la sociedad política, y qué papel podrían jugar las organizaciones sindicales en la construcción de la democracia?

B. S. Las organizaciones sindicales tienen un papel muy importante en el proceso de globalización solidaria, alternativa que estamos en proceso de constituir; podríamos decir que probablemente los sindicatos no entraron inicialmente en este movimiento de la globalización solidaria con la misma energía que otros movimientos sociales, porque tienen culturas asociativas, organizativas muy distintas; pero el movimiento obrero durante mucho
tiempo fue el único movimiento social, por eso todavía tiene en muchos países el privilegio de ser el único o el más importante. También porque hubo un internacionalismo obrero que después de la Segunda Guerra Mundial fue muy marcado por la Guerra Fría, tuvimos dos grandes federaciones mundiales de sindicatos, una pro Occidente y otra Soviética, y eso de alguna manera destruyó las posibilidades de internacionalismo obrero porque se quedó un poco preso de la Guerra Fría. Además, no era ese tipo de internacionalismo que buscamos ver, un internacionalismo burócrata, de elites sindicales, sino más bien un internacionalismo de base, y tal vez por eso cuando diez años después de la caída del muro de Berlín se inició todo este proceso de globalización solidaria, los sindicatos no estuvieron
en la primera línea, pero ahora están.

En este momento en el Consejo Internacional del Foro Social Mundial, una gran parte de las asociaciones que lo conforman son sindicatos de diferentes partes del mundo. Entonces, yo pienso que el movimiento obrero tiene un rol muy importante hoy día, al contrario de lo que se ha vaticinado: la muerte del sindicalismo, del movimiento obrero; al contrario, éste se está reconstituyendo, recreando, reinventando, pero es un proceso muy difícil, por razones objetivas y subjetivas que difieren de país a país.

Lo que es claro es que la globalización de la historia del movimiento obrero fue construida en el marco de economías nacionales; el internacionalismo obrero no era un proceso de internacionalizar de hecho las luchas, sino del proceso de compartir algunas experiencias, pero siempre a partir de marcos nacionales muy claros; pero con la globalización, la economía, o mejor, las economías nacionales, perdieron identidad, y el movimiento obrero estaba organizado nacionalmente. Como decía, el trabajo es hoy un recurso global, pero no hay un mercado global de trabajo, y los sindicatos siguen organizados con los mercados segmentados mientras tenemos una competencia global para el trabajo, una vez que las empresas pueden ir de un país a otro y cambiar, eso ha creado una situación difícil en el movimiento sindical en todo el mundo.

Por otro lado yo siento que hay una transformación ideológica de la gente, el movimiento obrero fue la única solidaridad de las clases populares. La lealtad, identidad, ideología, interpretación del mundo, era mucho más para los trabajadores del mundo. Los sindicatos durante mucho tiempo tuvieron actividades culturales muy fuertes, de integración cultural, de educación popular, y eso de alguna manera se ha perdido hoy y por eso emergieron otras identidades, otras posibilidades de interpretar el mundo que conocemos, ahora con el nombre de nuevos movimientos sociales: las mujeres, los indígenas, la paz, etc., se fueron construyendo como alternativas.

También estaba la idea de que el movimiento obrero y los sindicatos habían olvidado una serie de opresiones, de hecho habían sido cómplices de muchas opresiones, cómplices de crímenes ecológicos, cómplices con el sexismo, cómplices con el racismo, entonces eso creó una tensión entre sindicatos y los nuevos movimientos sociales. Estamos ahora en un proceso de reconstrucción, de otro tipo de alianzas; los sindicatos de otras partes del mundo se están reconstruyendo porque hay una debilidad interna generalizada, el poder de convocatoria depende del país, hay algunos donde es grande, mientras en otros no. La militancia, el número de miembros, no es un indicador muy bueno, en Francia, por ejemplo, los sindicatos tienen un porcentaje muy bajo de militantes miembros; pero allí tenemos en este momento un proceso social de contestación contra la privatización de la seguridad social, liderado por los sindicatos.

Entonces, pienso que lo nuevo del movimiento sindical son dos cosas: por un lado los sindicatos están aprendiendo, no es un aprendizaje muy fácil, han entrado en alianzas con otros movimientos de diferente tipo, en el ámbito global, por ejemplo, y nacionalmente pasa lo mismo. Las experiencias más interesantes en Europa son aquellas en las cuales los sindicatos han creado alianzas con usuarios de servicios públicos; en otro lugar como en Brasil se ha hecho del sindicato un polo de lucha por la calidad de vida urbana, por la cultura, todo eso incluido en la lucha obrera y eso me parece uno de los aspectos más interesantes de lo que llamamos sindicalismo de movimiento social: menos burócrata, más amplio en sus reivindicaciones.

El otro aspecto que me parece interesante es la reconstrucción del internacionalismo obrero,
pero otra forma de internacionalismo obrero, que está emergiendo conectado directamente
con la globalización, y en general con la resistencia a la globalización. Hay experiencias muy importantes entre sindicatos de México, Panamá y Estados Unidos; en este momento hay iniciativas muy interesantes en el proceso de alianzas entre los sindicatos: tenemos la confederación de sindicatos europeos, y en el sur, en otros países, hay iniciativas importantísimas como una que une los sindicatos hasta el sur de Indonesia, Australia, Tailandia, que son iniciativas que están intentando crear otro tipo de vínculos. Esta alianza empezó de hecho con la lucha contra el Apartheid, cuando los trabajadores de estos países bloquearon los puertos, contra los productos que venían de Sudáfrica. El embargo de los productos creó una alianza entre sindicatos que sigue hoy. Entonces nos enfrentamos a cosas nuevas, se está reconstruyendo el movimiento, es importante, no está solo hoy, no tiene ningún privilegio hoy, es fuerte en algunos países, muy débil en otros, se ha dejado coartar en unos países y en otros se mueve en el campo de la política convencional; pero es importante, sigue siendo muy importante.

ENS. Usted habla de la democracia sin límites ¿cómo hacerla realidad, cómo avanzar en ella, no sólo en la vida pública o en la vida social sino también en las organización sindicales?

B. S. En un trabajo que terminamos ahora, para el Fondo de Cultura, y que se publicará en marzo de 2004, llamado “Democratizar la democracia”, a partir de estudios de casos, algunos sindicatos de Colombia, otros de Brasil y otros de Mozambique. Intentamos demostrar cuáles son los caminos de la democracia, cómo se está reinventando la democracia. La idea de la democracia sin límites consiste en ver si podemos empezar a imaginar que la democracia no es un régimen político, sino una cultura, una cultura política y social, que debe estar presente.

Hay muchas luchas que hasta ahora no consideramos como luchas democráticas, por ejemplo, la cuestión del multiculturalismo, la lucha por el reconocimiento a la diferencia librada por los indígenas y por las mujeres, es también, una lucha de la democracia. Así como la que tiene lugar en la calle, en la fábrica, en la casa, en el espacio público en general. Hasta ahora hemos pensado la democracia mucho como un régimen político; por eso esta democracia está confinada al sistema de gobiernos, de partidos, es una isla democrática que convive en un archipiélago, como decir, de despotismo; entonces las organizaciones que luchan por una democracia más amplia, social, presente en todos los dominios de la vida social, tienen que ser democráticas, o sea, la democracia se hace con demócratas; y hoy en día vemos que la democracia como régimen político se está haciendo con gente que no es demócrata, se dicen demócratas, pero son autoritarios, son corruptos, y por eso no son una esperanza para nosotros.

Al mismo tiempo las organizaciones y los movimientos tienen un claro problema de democracia interna, el propio Foro Social Mundial está luchando para lograr una estructura más democrática, el Consejo Internacional, por ejemplo, se creó casi por cooptación, mis amigos van, y tú vas y tú vas. El comité organizativo también tenía algunos problemas, entonces estamos intentando democratizar esto. Las organizaciones planean procesos que no son democráticos; en muchas no hay transparencia, no hay rendición de cuentas; en las organizaciones sindicales, por ejemplo en mi país, la gran central sindical es totalmente controlada por el partido comunista, pero con un centralismo democrático viejo de los partidos leninistas. Pienso que esta idea de democracia interna de las instituciones tiene que crearse, aunque la situación de otras organizaciones es muy distinta a la del movimiento obrero. Algunos movimientos sociales del sur, por ejemplo, dependen de subsidios de organizaciones del norte, las cuales imponen sus agendas, sus ideas, le dan plata al movimiento de mujeres para que tú hagas esto y esto; y claro, son términos, son conceptos que vienen del norte: capacitaciones, empowerment, solamente hablan de eso, de dar poder a otros, la actitud más paternalista que puedas imaginar, pero muchos movimientos lo hacen para conseguir los fondos, pero cuanto más dependientes son de fondos exteriores más se aíslan de las bases, entonces tenemos un problema de democracia interna de las organizaciones.

ENS. ¿Esa democracia sin límites podría representar riesgos para los derechos y libertades
individuales?

B.S. En mi criterio no, siempre en todos mis trabajos soy muy claro en eso, para mí hay que tener siempre un elemento de individualidad que existe en la cultura occidental, y es importante mantener. El problema no es destruir al individuo, porque hubo demasiado individualismo, precisamente porque el único derecho social que durante mucho tiempo fue
reconocido fue el derecho de propiedad, que es un derecho muy posesivo y crea una individualidad muy grande.

Pasamos después al socialismo. Ahora estamos en un proceso de repensar los derechos colectivos sin los cuales tu no puedes avanzar mucho en la lucha por la democracia. Por ejemplo, en este momento en Brasil, los derechos colectivos de los negros exigen de una acción afirmativa. Es claro que todas nuestras sociedades son muy racistas, solo viste a los negros en el Foro durante la marcha y en Cartagena son todos negros, pero el Foro es mucho más blanco. Nuestras sociedades son muy racistas y además no se admiten como racistas que es lo peor; yo pienso que estamos intentando plantear que no existen derechos sin derechos colectivos, y en nuestros países no hay acción afirmativa para que los jóvenes negros lleguen a la universidad, o para que las mujeres estén en paridad en los parlamentos, pero al mismo tiempo debes tener la idea de individualidad, la posibilidad de que un indígena diga: yo no quiero recibir la justicia de mi comunidad, quiero que mi caso sea tratado por la justicia oficial. Este es un debate en Colombia, en él se observa que la tensión entre los derechos individuales y los colectivos es una tensión muy profunda.

ENS. ¿No es preocupante que un autor tan polémico como Rousseau, que ha sido catalogado como defensor de la democracia totalitaria, sea la fuente inspiradora de una democracia de este tipo?

B.S. Rousseau, como todos los otros grandes autores, es contradictorio, uno puede hacer varias lecturas de su obra. Por un lado tenemos la idea de maximalismo democrático de Rousseau, la idea de que una sociedad se puede considerar democrática si ninguna persona es tan pobre que tenga que venderse a otra, y ninguna persona es tan rica que pueda comprar a otra persona.

Por otro lado, Rousseau fue muy crítico de todo tipo de asociaciones y él las interpretaba de una manera distinta a los autores más convencionales. Por ejemplo Rousseau señalaba que las asociaciones podían ser una semilla de despotismo contra el individuo; pero en una parte del Contrato afirmaba también: no, si las asociaciones son muchas y no son muy grandes, hay un equilibrio entre las asociaciones. Pero lo que Rousseau nos propone a nosotros es muy importante: es tensión casi dilemática entre derechos colectivos y derechos individuales.
Pensemos en una serie de actividades colectivas de indígenas, mujeres, obreros, ecologistas, lo que sea, donde al mismo tiempo se de el espacio para el individuo. Participar
en ellas como mujer, pero también como madre, como amante, como una persona que lucha por la paz, todo esto y que, además, puede estar en contra de la organización, de la actividad colectiva, una mujer indígena no es lo mismo que un hombre indígena y no puede ser sacrificada por una identidad colectiva indígena y sus valores de libertad. Entonces esta es la lucha en este momento.

ENS. Esa democracia infinita o sin límites: ¿implica trascender los presupuestos de la democracia representativa? ¿Cuál sería el papel de los nuevos y viejos movimientos sociales en esta tarea?

B.S. Por eso hablo tanto de la complementariedad entre democracia participativa y representativa. Una razón muy sencilla es que si la democracia en los movimientos no se articula más con la política, sobre todo la política local, con presupuestos participativos, con la gestión municipal, no vamos a tener participación. Claro que la gente no participa, ¿por qué? La gente participa, la gente aguanta la ineficiencia de los partidos, pero no aguanta la de los movimientos sociales.

En Porto Alegre cuando empezó el presupuesto participativo el primer año, las personas fueron a las reuniones y se diseñaron obras, al final del año nada se hizo porque no había plata y, al año siguiente, cuando empezaron las reuniones del segundo ciclo del presupuesto había más dirigentes políticos que gente. Si la gente va a participar en la democracia participativa, debe existir una relación muy grande entre tu participación y el resultado que esperas, porque la participación es costosa para tu vida: dejas de ver la telenovela, o tienes que ir a una reunión a perder tiempo, tienes que dejar tus hijos con alguien, es un costo para que algo se transforme en tu vida, en tu comunidad. Si nada pasa tú no vas a participar por eso la democracia participativa tiene que integrarse más con la democracia representativa para que las personas vean que vale la pena ir a la reunión, porque, mira, antes no había alcantarillado, ahora tenemos alcantarillado, ha dado resultado nuestra participación.

ENS. Nos gustaría que nos hablara sobre el dilema que enfrentan los gobiernos progresistas, los que pretenden reinventar la democracia ¿cuáles son las dificultades que tienen para llevar a la práctica sus programas? En especial, quisiéramos conocer su opinión sobre Lula en Brasil.

B. S. Te agradezco la pregunta porque me permite aclarar mi posición. Y estoy no solamente muy solidario porque he trabajado mucho por el gobierno, para la campaña de Lula; sino que mis entrevistas, mis palabras están en toda la campaña nacional, en la publicidad, en la televisión del Partido. Ahora mismo estoy trabajando con el gobierno, preparando informes sobre las pensiones, la seguridad social. Es la primera idea, mi juicio
crítico parte de la solidaridad.

En segundo lugar quiero decir que todavía realmente no hay lugar a juicios ni críticas negativas en este momento, porque el gobierno está empezando, cinco meses en el poder. La dificultad viene de los imperativos globales, los partidos para tener legitimidad interna nacional no pueden de ninguna manera, en sus programas de electorado, decir que van, seguir los imperativos de la globalización neoliberal, porque ésta es excluyente y ha producido mucho sufrimiento en las clases de los estratos más bajos de la sociedad. En este sentido, para que los partidos no sean una ilusión y para que logren crear su legitimidad tienen que ser un proyecto nacional.

Pero de hecho, cuando llegan al poder los imperativos globales son muy fuertes, por eso hay un dilema, porqué muchos partidos cuando llegan al poder realmente no cumplen las promesas, de alguna manera traicionan los objetivos, los programas; por eso la democracia representativa está en crisis, la gente no cree en los políticos, en la clase política, porque los
oyen decir una cosa y cuando llegan al poder hacen otra; y en segundo lugar, son corruptos,
en mucha parte del mundo hoy en día los políticos están en tribunales y eso cuando los tribunales funcionan. Entonces la gente ya no cree tanto en sus políticos como antes y por eso se abstienen de participar. En este momento un proyecto nacional es muy difícil; pensemos lo del contrato social; es muy claro que no hay un contrato social con el ALCA, el contrato social obliga una cohesión de los trabajadores, de los empresarios y del gobierno, de otros grupos también, pero estos tres deben estar. Los empresarios industriales nacionales deben pensar en el contrato social; pero según la apertura de los mercados no hay ninguna posibilidad de eso. Ahora hemos visto algunos partidos que a medida que llegan al poder, porque necesitan un poco la protección de los Estados Unidos, se olvidan de la lucha contra el ALCA. Entonces tenemos realmente una contradicción muy grande, por eso la crisis y por eso pienso que la única manera de salir de esta crisis es la democracia participativa, porque la presión de los imperativos globales es tan fuerte sobre los gobiernos que éstos se aíslan cada vez más de los ciudadanos. Por eso la democracia puede suicidarse, nadie la va a matar, simplemente la gente no cree, no participa, o cree en el político con la propuesta televisiva más interesante. Pero la democracia puede crear una presión desde abajo, que comience a neutralizar tantas presiones.

Es un poco mi idea: la democracia trae un elemento de cooperación, de solidaridad, las presiones desde arriba son mercantiles, básicamente mercantilización de la vida, no buscan crear economías de mercado, sino sociedades de mercado, quieren mercantilizar la educación, la salud, la seguridad social, el agua, la electricidad, los servicios públicos, todo es mercancía y por eso los consumidores que tienen plata son los únicos que pueden tener acceso, los otros no. Hay que luchar contra eso. La democracia participativa, para mí, es un gran instrumento, no hay otro. En este momento puede que no esté en la agenda, una idea de éstas en las organizaciones es muy de largo plazo, porque estamos sufriendo la crisis de un modelo revolucionario que fracasó, y para que pueda crearse otro, lleva algún tiempo; para que nazca otra concepción de revolución. Los zapatistas, por ejemplo, desarrollaron un concepto de revolución que no tiene nada que ver con la revolución leninista, la concepción de tiempo indígena; esperan 500 años para estar 50 años callados esperando otra oportunidad, nosotros no tenemos esa concepción de tiempo, de la paciencia.

ENS. Hace 150 años estábamos aplicando el librecambismo, o sea, la doctrina de acabar con todos los monopolios, de dedicarnos a exportar, de abrir todas las fronteras. ¿Qué opina usted de este periodo librecambista en relación con el de ahora?

B.S. El libre cambismo de ahora no tiene nada que ver con el del siglo XIX, es otra cosa, si bien en el siglo XIX eran los países dominantes los que de alguna manera intentaban imponer un modelo global, como ahora, y en este momento están imponiendo un modelo global pero totalmente hipócrita, porque quieren la libertad de los mercados pero ellos todavía son proteccionistas; ese es el problema de la liberación neoliberal, que es hipócrita.

Los países africanos no necesitan más ayuda, la ayuda internacional ha sido una manera de mantener los países pobres en la pobreza, la mayor ayuda sería permitir la apertura de los Estados Unidos a los productos agrícolas, por ejemplo, africanos sin aranceles. Esto sin mencionar los subsidios que existen en la producción de los Estados Unidos, por eso el ALCA es desigual, porque favorece agriculturas altamente subsidiadas que entran a competir con las de los países con pocos subsidios. Estaba mirando los números de México, ¿por qué se ha destruido la economía mexicana? México no produce casi nada, está produciendo cada vez menos, porque claro, un kilo de pollo producido en México tiene un porcentaje de ayuda estatal de 1%, los de Estados Unidos tienen probablemente 12% de ayuda estatal, así no se puede competir. O sea, podríamos experimentar, es lo que Lula dice, un modelo de economía libre, de libres mercados, pero se requiere liberar la circulación de las personas, no sólo de capitales, de las mercancías; y esto no se va a dar porque los países desarrollados siguen siendo proteccionistas y dejan el libre mercado a los pobres.

ENS. En el contexto de sociedades de libres mercados y de ideales de ciudadanía global, ¿cómo sería posible la libre circulación de personas?

B. S. Yo pienso que todas las personas del mundo pueden ser ciudadanos de los territorios en donde esté viviendo, por eso estoy totalmente con los inmigrantes, quienes deberían tener derechos, ciudadanía como otros. Tenemos países con porcentajes grandes de poblaciones que no tienen derechos políticos y son gente que no está en tránsito, que está ahí, por dos o tres generaciones, pero no son ciudadanos. Entonces la primera idea es que realmente deberían ser ciudadanos todos los que viven en cierto territorio, es una utopía pero así debería ser.

Por otro lado, hoy se habla mucho de ciudadanía global, o sea la idea de una serie de derechos que van con las personas cuando van de un país a otro y que las personas deberían poder, por ejemplo, votar en diferentes países, durante su tránsito y que hay derechos que no dependen de los Estados pero deberían ser garantizados. Hablamos de derecho humanitario, de los derechos fundamentales y derechos humanos. Pero es necesario densificar más esta ciudadanía global, por ejemplo, con los derechos mínimos de trabajo, miremos la OIT que lucha porque hayan los llamados parámetros mínimos de trabajo, que consisten, por ejemplo, en que un producto cualquiera de vestir no puede circular en el mercado internacional si es producido en un país que no tiene libertad sindical o que impone más de 62 horas semanales a los obreros, o que usa trabajo infantil, porque esos son derechos que debería ser garantizados globalmente. Pero a mi juicio la ciudadanía nacional, territorial, sigue siendo la más importante, por la cual tenemos que luchar, el Estado tiene la obligación política de garantizar los derechos humanos.

ENS. ¿Qué opina usted de la propuesta de renta básica universal?


B.S. Una idea de renta básica de ingreso mínimo me parece que es un derecho de los más interesantes. Porque en el momento en que el trabajo deja de ser un motor de ciudadanía, por la crisis de las economías nacionales, mucho trabajo no es trabajo con derechos, es trabajo sin derechos. El trabajo ya no es una fuente de ciudadanía como era antes, y por tanto hay que compensarlo y de allí la idea de crear derechos por una vía directa de ciudadanía, no por ser población trabajadora sino porque se es ciudadano. La idea de la renta parece que es esa, que no tienes que ser trabajador, por el hecho de ser ciudadano tienes derecho a un mínimo que te garantice vivir; quizá sea una idea revolucionaria, digámoslo así, al mismo tiempo sencilla y está en muchos países, en Europa, en Brasil, por ejemplo, era parte del programa del PT, pero el PT ha decidido no apoyar la rentabilidad mínima y ha creado un programa alternativo de emergencia llamado: hambre cero, que debe comenzar a implementarse. Pero el PT tiene un programa muy claro de un senador muy importante, Eduardo Suplicy, que ha sido un luchador por la idea de la renta base, pienso que es una idea muy positiva.

ENS: La Colombia actual se debate entre la intervención norteamericana, la lucha contra la droga y la “seguridad democrática”, ¿qué piensa usted de la experiencia colombiana?

B.S. Yo pienso que hay cosas preocupantes en Colombia en este momento. El gobierno conservador que tiene un proyecto político muy claro: un proyecto de alineamiento total con los Estados Unidos. Realmente es el único gobierno en América Latina que sigue más ciegamente a los Estados Unidos, en términos de política internacional y en términos de estrategia interna, la lucha contra el terrorismo, la destrucción de los derechos sociales, las privatizaciones.

Pienso que es una mezcla extremamente preocupante porque, además, es un país que no tiene la alternativa de poder proponer una solución propia para el problema de la droga, que es la otra gran hipocresía, la Unión Europea tiene hoy una política de legalización de la droga, pero internacionalmente se alinea con los Estados Unidos y su prohibicionismo e impone el prohibicionismo a Colombia, yo pienso que en este momento hay un proyecto político totalmente contrario a la participación ciudadana, es cada vez más difícil. Y por un lado, tú tienes departamentos donde me decían hoy, hay 36 municipios con paramilitares, no se puede hablar de eso siquiera en Colombia.

ENS. Pero a la vez es un proyecto político que apela al patriotismo ¿qué opina usted al respecto?

B.S. Yo pienso que los Estados están haciendo hoy lo que llamamos una política simbólica,
el Estado no tiene políticas materiales de redistribución social para que haya cohesión, derechos sociales, políticas públicas, salud, educación, o sea, un sistema público que era uno de los aspectos fundamentales de crear identidad nacional.

Ahora se están destruyendo estás políticas, se están sustituyendo los símbolos, puede ser el fútbol, puede ser el patriotismo, puede ser el nacionalismo, puede ser, para un país que tiene el poder, la guerra impuesta en otro país como lo hace los Estados Unidos. Esto lo llamamos política simbólica, y el apego al patriotismo es fuerte. Como hay una resistencia de la gente contra los imperativos globales, los partidos no pueden poner en su programa: nosotros vamos a ser obligados a seguir todo lo que el Banco Mundial dice o el Fondo Monetario, si un partido pone eso en su programa no va a ser elegido, por eso hay medidas compensatorias orientadas a consolidar una identidad de un país, pero que no tienen ninguna transferencia de renta, en ellas no hay redistribución social.

En el pasado el Estado de Bienestar de alguna manera se basaba en alguna redistribución social. Yo soy muy escéptico sobre las políticas, yo pienso que en Colombia asistimos a una mezcla muy peligrosa entre el neoliberalismo y violencia, nosotros vemos que la globalización neoliberal ahora tiene dos dimensiones: por un lado el neoliberalismo económico y por otro lado la guerra que los Estados Unidos está imponiendo en medio Oriente y que va a imponer en otros lados y no sabemos cuando llegará a Colombia. Colombia es casi un laboratorio internacional donde se da una política de neoliberalismo y también una política de lucha contra el terrorismo. Eso es atomizador, porque un hombre amenazado de muerte no es libre para participar en la organización de un movimiento social y político.

Autor: Boaventura de Azuza Santos

Publicado el (día/mes/año): 15/03/2005


Compartir: | Más
banner arte en el trabajo banner concurso de fotografia banner revista
Calle 51 No. 55-78 (Boyacá con Tenerife) Medellín - Colombia
Tel#:(57 4) 513-3100 Fax#: (57 4) 512-2330 Apartado Aéreo#: 12175.

Sitio desarrollado y apoyado por Colnodo con la autorización de la Escuela Nacional Sindical