Revista Cultura & Trabajo

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Edición Número 61 - Sección General

Estamos “in” pero excluid@s


Juan Bernardo Rosado, coordinador del Área de Derechos Humanos y Laborales y Guillermo Correa, asistente del Área de derechos humanos y laborales; realizaron una entrevista con Alejandrá Sardá, coordinadora del programa por América Latina y El Caribe de la Comisión Internacional de los Derechos Humanos de la Comunidad Gay Lesbiana AC/ International Gay and Lesbian Human Rights Comisión (IGLHRC). Mujer líder del movimiento homosexual argentino.


Juan Bernardo Rosado:¿Cómo ves el estado de la acción de los movimientos homosexuales en el tema laboral? ¿Cuál es su agenda? ¿Cómo han avanzado, específicamente en el contexto Latinoamericano?

Alejandra Sardá: Bueno, el problema de ahora es que nosotros veníamos trabajando con unos modelos y, de alguna manera, la realidad se movió más rápido; porque la idea que nosotros teníamos durante los ochenta era que si teníamos una ley antidiscriminatoria que mencionara la orientación sexual, si nos despedían o nos hostigaban por nuestra preferencia
sexual podíamos demandar a la empresa, si era el Estado muchísimo mejor y, eso es una protección. En algunos países tenemos estas leyes, por ejemplo en casi todos los estados de Brasil, en México, en algunas ciudades de Argentina, y los demás países están tratando de lograrla. ¿Qué pasó? Lo que nos encontramos ahora son las leyes de flexibilización laboral que complicaron absolutamente el panorama, porque de que me sirve tener una muy buena ley antidisciminatoria, si estoy trabajando con contrato temporario y mi empleador me lo puede rescindir cuando quiera y ni siquiera me tiene que decir porqué me lo rescinde.

Tenemos muchos casos en los que sabemos positivamente que rescinden el contrato laboral por discriminación, porque además son tan cínicos que se lo han dicho al trabajador. Hay el caso de una muchacha en Argentina, que trabajaba en una empresa de distribución de correspondencia como oficinista y estaba con un contrato temporario. La fue a buscar su compañera, que era, digamos con muchas comillas, una lesbiana masculina. Al día siguiente la llama el jefe y le dice: “te vamos a prescindir tu contrato a partir de hoy porque aquí no podemos permitir que vengan personas como la que te vino a buscar ayer”. Esto, en condiciones normales, sería un caso de discriminación flagrante, pero resulta que este empleador tenía todo el derecho de rescindirle el contrato cuando quisiera y no tenía que decirle por qué; entonces no pudimos hacer absolutamente nada, tratándose de uno de los pocos casos en los que tenemos claramente un despido por razones de preferencia sexual.

Entonces, nuestra situación está complicada, porque por un lado, avanzamos en el terreno antidiscriminatorio, pero por otro, nos están acorralando con las leyes laborales. En Brasil se presentaron dos casos de despidos a personas que no estaban con contrato temporario, sino vinculadas en la vieja modalidad. Uno fue un gerente en Porto Alegre de la General Motors. A este señor le hicieron un caso clásico: lo contrataron, él se desempeñaba muy bien, a los pocos meses empezaron a circular los rumores de que era gay, lo cambiaron de puesto, lo bajaron de categoría, lo pusieron en un puesto en el que prácticamente no le daban trabajo, el hombre pasaba horas enteras sentado en su escritorio, nadie le hablaba, después de varios meses lo empezaron a hostigar, bromas, etcétera, y finalmente, lo despidieron. Él inició un juicio contra la empresa por discriminación por preferencia sexual.

En Porto Alegre hay una ley antidiscriminatoria que protege la preferencia sexual y el señor estaba con un contrato normal. Todo esto ayudó y el caso se ganó a fines de 2001. El otro caso fue en Rio de Janeiro, una muchacha operaria en una fábrica de galletas, a quién también despidieron, y por la manera cómo la hostigaron quedó muy claro que era por su preferencia sexual; ese caso también se ganó, la empresa la tuvo que indemnizar. Pero son los únicos casos que tenemos hasta ahora en América Latina contra empresas; porque hay varios casos contra Estados, pero contra empresas privadas es mucho más difícil, pero tenemos estos dos precedentes. O sea, tenemos una situación difícil con algunos avances.

JBR: ¿Cómo crees tú que podríamos, desde Organizaciones no gubernamentales (ONG) referidas al tema laboral o desde organizaciones sindicales, trabajar en ese campo?

AS: Una cosa que se me había olvidado, porque la verdad no la estamos aplicando, pero en el MERCOSUR, que lo constituyen Brasil, Uruguay, Paraguay y Argentina, se dio una declaración de derechos laborales y en esa declaración, que es del 2000, hay una cláusula antidiscriminatoria que contempla preferencia sexual.

Todavía no se ha aplicado, pero como precedente legal yo creo que es importante. Y bueno, en el tema sindical, lo primero y fundamental es concientizar a la gente del propio movimiento sindical, de que las lesbianas somos trabajadoras, los compañeros gays son trabajadores y que existen. Porque no hay mucha conciencia en el movimiento sindical de que hay efectivamente una situación de abuso, de discriminación por estos motivos en el ámbito laboral; todavía se ve la cuestión de la preferencia sexual como una cosa privada, algo que se supone uno hace al interior de su casa y no trasciende, entonces nadie lo molesta, y esto no es cierto; porque por un lado esta el estereotipo, todo varón, aunque no sea gay, pero que no corresponda al estereotipo del macho en su lugar de trabajo lo hostigan; lo mismo pasa con las mujeres, hay casos de mujeres no lesbianas que resisten un acoso sexual de un jefe y el primer insulto que reciben es “lesbiana: seguro que lo que pasa es que le gustan las mujeres”. Entonces, la preferencia sexual no es un tema privado, es un tema público y es un tema que está en el lugar de trabajo de las peores maneras.

Hay casos de personas gays o lesbianas que tienen mucho temor y se sienten de alguna manera en falta, vulnerables porque están ocultando su preferencia; ante una situación de injusticia en el lugar de trabajo no protestan debido a la forma como se sienten, aunque la situación de injusticia no tenga nada que ver con la preferencia sexual, digamos una cuestión de aumento de salario, y estas personas no se atreven a protestar porque siempre tienen miedo que salga lo que están tratando de ocultar; éstas realidad es de la vida cotidiana de las trabajadoras y trabajadores son muy importante hacerlas visibles en el movimiento sindical porque están produciendo discriminación, abuso y fomentando la injusticia.

También es importante ocuparse en conjunto con las organizaciones gays, para que la propia gente gay y lesbiana que trabaja tome conciencia, porque muchos tienen vergüenza y entonces se presentan situaciones donde se hacen bromas en el lugar de trabajo contra los maricas, y el propio homosexual se ríe para que los compañeros no se den cuenta y, en realidad, sufre espantosamente pero no es capaz de decir “yo soy gay”, de confrontar a sus compañeros sobre lo que están haciendo.

Otro ejemplo es cuando está su compañera o compañero enfermo y no se atreve a faltar para cuidarlo. Nosotros, como comunidad, nos atrevemos a mucho menos de lo que podríamos. Muchas veces la discriminación viene de afuera, pero también hay una parte nuestra. En el caso de los docentes, ustedes aquí en Colombia tienen una situación ejemplo. El tribunal constitucional derogó una ley de 1978 que prohibía ejercer la docencia a gays y lesbianas. Eso es una cosa única de Colombia. El trabajo con el gremio docente, es importantísimo, no sólo para acceder a las escuelas y poder hablar de estos temas sino para los propios maestros, y aquí en Colombia en donde los maestros y las maestras saben que no se les puede despedir por esto, creo que se cuenta con una veta de trabajo bien interesante.

JBR: ¿Qué experiencias conoce en América Latina de acción sindical frente al tema de
la discriminación por orientación sexual?

AS: Bueno, por ejemplo, en Argentina nosotros trabajamos con la gente de la CTA, que es la Confederación de Trabajadores de la Argentina. Las centrales sindicales tradicionales en Argentina son muy corruptas, y ésta fue como una nueva central sindical que se formó, justamente, por lo corruptas que eran las otras, y desde un principio fue muy abierta; para darles una idea del nivel de apertura, la Asociación de Meretrices Argentinas -AMA, o sea las prostitutas, son parte de la CTA. La CTA trabajó desde el principio con nosotros, y entonces hemos logrado cosas como dictar talleres de capacitación al personal de salud. Esto lo logramos gracias a los gremios de la salud, los cuales nos llevaban a los hospitales para hablar con los médicos y enfermeras para que no dieran un trato abusivo a los gays o lesbianas.

Ellos lograron en el gremio docente de Argentina para los gay la licencia por enfermedad de la compañera o el compañero, las pensiones; lo mismo el gremio de aeronavegantes. Como en Argentina no se pudo lograr una ley nacional para todo esto, entonces hicimos el trabajo con los gremios, porque estos pueden conseguir en las negociaciones colectivas este tipo de cosas. Lo mismo en Brasil con la Central Unitaria de Trabajadores -CUT, que es muy solidaria con los movimientos de gays y lesbianas. Y estos casos que yo contaba anteriormente, por ejemplo, fueron apoyados por esos gremios. Esto es fundamental, sin el trabajo conjunto entre gremios y organizaciones de gays y lesbianas, en el terreno de los derechos laborales no podemos hacer nada.

JBR: Sí, pero cómo es esa relación, digamos, en la cotidianidad entre los actores de esas campañas y las organizaciones; es decir, es claro que la CTA es una federación sindical de nuevo tipo. Pero ¿No dejan de estar vinculados a ella hombres completamente machistas?

AS: Sí, lo que pasa es que nosotros en el trabajo con la CTA nos apoyamos muchísimo en el trabajo de las mujeres. Las mujeres sindicalistas han sido las primeras que han abierto la brecha. Y una vez que los hombres recibieron el golpe de las mujeres más o menos, más o menos, aceptaron incluir ciertas reivindicaciones de las mujeres; ya están un poquito ablandados y se puede seguir con el resto. Lo mismo pasó en Uruguay, en donde se logró una ley muy buena para la protección de las travestis que trabajan el sexo en la calle, y también de nuevo, la central sindical respaldó esta ley, porque bueno, en Uruguay está el sindicato de prostitutas, que incluye a prostitutas y travesti s, negociaron esta ley con pleno apoyo de la central sindical. Fue difícil, pero se logró.

JBR: Cambiando un poco el tema, ¿vos creés que el movimiento LGDT debe trabajar más por la integración o por la diferenciación?

AS: Bueno... Creo que depende de la integración a qué, y la diferenciación con qué; o sea, para mí, ésta es mi visión personal, el movimiento LGDT es un movimiento político; entonces desde este lado, sí creo que nosotros tenemos que trabajar por la integración con los movimientos de lucha contra el ALCA, porque es una cosa que nos afecta a todos; con los movimientos sindicales que están resistiendo las privatizaciones, las leyes de flexibilización laboral. Allí tenemos que trabajar, porque nosotros somos parte de la ciudadanía y eso nos afecta igual que a la gente heterosexual.

Entonces, si bien tenemos que visibilizarnos, también tenemos que trabajar integrados. Yo creo en una integración con especificidad. No creo en darle prioridad, decir nada más que No al ALCA y no hablar de cómo el ALCA afecta concretamente a las lesbianas y los gays. Hay que hacer las dos cosas; Hay que ir a la marcha contra el ALCA pero no anónimamente, hay que ir con el cartel que diga: el ALCA afecta a los gays y lesbianas. O sea, sería una integración con especificidad.

Guillermo Correa: Yo siento que en Latinoamérica los movimientos sexuales de gays y lesbianas se han polarizado más hacia la parte jurídica que hacia las transformaciones culturales ¿Cómo has visto todo ese proceso? ¿Por qué se le inyecta tanta energía a esa necesidad jurídica? ¿Porqué hay como una inversión de términos en la construcción cultural, qué se supone debería partir hacia el derecho y no aparece tan fuerte?

AS: El asunto es que el trabajo legal permite tener logros concretos, que vos podés mostrar. Se dice: hagamos campaña por la ley tal, entonces la gente se une. Entonces, nosotros como movimiento social, tenemos problemas graves porque la mayor parte de la gente que debería configurarlo está en el clóset, y lo legal es una cosa aglutinante muy rápida, porque vos decís tenemos este proyecto, nos organizamos en torno a él y eso inspira a la gente para trabajar y le da una posibilidad de logros: se aprueba la ley tal o no se aprueba la ley tal, y vamos a hacerlo. En cambio las transformaciones culturales que son totalmente imprescindibles son más lentas; y para embarcarte en ellas necesitas tener una fortaleza de espíritu enorme, porque vos sabes que no vas a ver logros por hay hasta dentro de veinte o treinta años, y algunos ni siquiera los vas a ver, los verá la generación siguiente. Entonces, los movimientos siempre necesitan logros concretos, lamentablemente, y banderas. Yo creo que el acento en lo legal tiene que ver con esto, con el buscar algo que aglutine a la gente que está tan dispersa, que está tan asustada.

Pero sí hay un trabajo cultural, sólo que es menos visible, pero lo hay. En varias universidades de México, Brasil, Argentina y Ecuador encontramos los estudios que tienen
diversos nombres: estudios quier en Argentina, que somos extranjerizantes, pero en otros lugares son los estudios de la diferencia sexual. Se está produciendo pensamiento, materiales, generando debates y hay un movimiento artístico maravilloso, y esto se da en todos los países, inclusive lo he visto en países de Centroamérica.

GM: Hablemos sobre Derechos Humanos. ¿Cómo ve esa relación entre las diferentes comunidades en países que a veces son mucho más resistentes, países que a veces son mucho más flexibles? ¿Cómo va todo ese proceso?

AS: En relación con los Derechos Humanos tenemos un problema realmente grave, como es el de las violaciones al derecho a la vida. En todos los países de la región encontramos asesinatos por odio homofóbico, sobre todo fuera de las grandes ciudades. Las víctimas son principalmente travestis, y después hombres gay.

En este punto tenemos el apoyo de bastantes organizaciones de Derechos Humanos; Amnistía Internacional se ha metido con esto, Human Right Watch. Por suerte ya han entendido que éstas son violaciones a los Derechos Humanos. Por parte de los gobiernos la cosa es mucho más difícil. La región se caracteriza por la impunidad para todos los perpetradores de las peores violaciones, en muchos casos, policías o militares. Hay una excepción muy notable en Brasil, uno de los pocos países que castiga con mucha dureza los
crímenes de odio y los investiga.

JBR: ¿Por qué crees que en Brasil, o específicamente en ciudades como Sâo Pablo, existe esa preocupación por sancionar efectivamente esos casos?

AS: Mira, hay un factor muy claro, la marcha del orgullo en Sâo Pablo son quinientas mil personas en la calle. Con esta comunidad tan visible, tan fuerte y tan organizada ¿Qué político va a permitir la impunidad? Más allá de cuales sean las razones. Aunque hay gente en Sâo Pablo como la actual gobernadora Marta Suplici, que es una feminista y una mujer que históricamente ha sido aliada nuestra; pero más allá de casos nobles como el de Marta, hay un montón de políticos que ven quinientas mil personas en la calle y dicen: “donde tengo que firmar”. Y eso es una cosa fundamental, si nosotros queremos que se respeten nuestros derechos, tenemos que salir del clóset. Tenemos que ser fuertes como colectivo. Porque ¿cómo un colectivo conquista el reconocimiento de sus derechos? Cuando se le tiene miedo al poder, el poder no cede nada graciosamente; si cuando nosotros vamos a pedir algo son siempre los cuatro o cinco locos líderes de organizaciones, cuatro o cinco, ¿qué fuerza tenemos? Ninguna. Ahora, si tenemos la gente en la calle, quinientas mil personas en la calle ¿van a decirnos que no?

JBR: Pero también hay una profunda división política en la comunidad gay. O sea, vos ves en los Estados Unidos que hay comité gay republicano, comité gay demócrata.

AS: Bueno, mi delirio hacia el futuro es que alguna vez podamos hacer de esto verdaderamente un movimiento político y no un movimiento de identidad. Que la gente no gay - ya hay alguna, pero necesitamos mucho más- comprenda que aquí se trata de un asunto de Derechos Humanos, de una cuestión de igualdad, de una cuestión de justicia. Entonces, no importa, yo puedo ser heterosexual, pero tengo que salir a la calle cuando hay una marcha de la gente gay reclamando el reconocimiento de sus derechos, como tengo que salir cuando salen los sindicalistas contra las privatizaciones aunque no esté afiliada a ningún sindicato; como tengo que salir cuando sale el movimiento indígena, cuando salen las mujeres aunque yo sea hombre, porque son cuestiones que se hacen; y en lo político, ¿qué tipo de sociedad queremos? Yo creo que cualquier persona que quiere una sociedad justa, igualitaria, con respeto de los derechos humanos tiene que apoyar el movimiento gay, más allá de cuál sea su procedencia.

JBR: Bueno muchas gracias.

Autor: Juan Bernardo Rosado

Publicado el (día/mes/año): 15/03/2005


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