Erminda, luego de verse enredada en un lío jurídico a raíz de una demanda realizada por su patrona, comparece ante la fiscalía municipal. Las palabras del fiscal eran recurrentes: «¡Usted fue quien la agredió! Sus cargos son por violencia personal y daño a la persona». Al leerle los cargos, esta mujer respondió decidida: «Sí; y si me vuelve a decir lo que me dijo, yo vuelvo y la estropeo». Tal era el dolor, que ella continuaba diciendo: «Tráigala, y que me vuelva a decir lo que me dijo y la estropeo de nuevo». Era tal la ira, que parecía, incluso, que Erminda hubiese olvidado el sitio en el que se encontraba; entonces el fiscal le preguntó nuevamente: «¿Qué fue lo que pasó?» A lo que ella respondió: «Mire, yo le dije que me pagara mis días de trabajo que ya había trabajado todas las tres semanas, y ella me dijo que no me iba a pagar, que sólo me pagaba cincuenta mil pesos. Oiga, le dije: ‘¿y pa’ quién es ese poquito de plata? Me das mis doscientos mil pesos, que yo fue mucho lo que me maté y trabajé en esta casa’, y ella me contestó: ‘Esta negra si es creída, ¿acaso
antes no eras esclava?’» Ante este testimonio, el fiscal dice: «Señora, usted debe mejorar su carácter». Erminda por su parte quedó tranquila, porque según ella y por sus medios le había hecho pagar a la patrona sus doscientos mil pesos. Hoy, con antecedentes legales de violencia, y su patrona con antecedentes de víctima, cada una continúa su vida. Nadie se cuestionó sobre la frase violenta y de discriminación racial que le dijeron a Erminda, tampoco por lo que recibió de pago y prestaciones sociales. Éste no fue el tema central, toda la atención giró en torno a la violencia de la empleada doméstica a su patrona.

Autor: María Edith Morales Mosquera, Sandra Milena Muñoz Cañas, María Eugenia Morales Mosquera, Ramón Emilio Perea Lemos, Guillermo Correa, Víctor Hugo Mosquera Sánchez

Año: 2017

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Uno de los intereses del Área Mujer Trabajadora de la Escuela Nacional Sindical (ENS) es hacer visible, entre las trabajadoras, las discriminaciones vividas en razón de su sexo, no sólo en el mundo del trabajo y el sindical, sino también en diferentes esferas de la vida social, política, económica y cultural, lo que implica reconocer la pervivencia de múltiples obstáculos para que las mujeres disfruten de una vida libre y satisfactoria.

Año: 2008