Revista Cultura & Trabajo

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Edición Número 61 - Sección General

No le tememos a la globalización


Juan Bernardo Rosado: Usted mencionaba hoy, y ese es un poco el asunto de esta entrevista, el tema de los trabajadores inmigrantes en Europa, en el Norte en general, pero en España en particular, ¿cómo se está trabajando, qué políticas o qué acciones realiza el sindicalismo español para trabajar con la población inmigrante? ¿Ésta se encuentra ubicada,
organizada de alguna forma en particular?

Carlos Alberto Cappa: En estos momentos el trabajo con los inmigrantes, con los trabajadores extranjeros es una de las prioridades del sindicalismo español, el motivo es bien claro, más allá de un gesto solidario, fraternalista con los trabajadores que acuden a nuestro país o a Europa a trabajar, hay una razón práctica y es que el mayor incremento de la población activa en España se está produciendo en los últimos años por el ingreso de trabajadores extranjeros, por lo tanto es, digámoslo en términos pesqueros, un nuevo caladero donde pescar nuevos miembros para el sindicato.

Hay un doble trabajo, por un lado existen unas oficinas que denominamos CITIS - Centros de Información a los Trabajadores Inmigrantes- que se ocupan de los aspectos sociales, de informarles, de asesorarles en su documentación, ofrecerles cursos y posibilidades de aprendizaje del idioma para los que no hablan español, un poco tareas de ese tipo.

Existe otra labor que es de extensión sindical, la cual consiste en dirigir a los activos, a los equipos de atención sindical con un mensaje y una formación específica a los lugares o sectores de la producción donde se concentra el mayor número de trabajadores inmigrantes. Una vez que éstos se encuentran dentro del sindicato, están encuadrados en él como si fueran trabajadores nacionales y van a tener los mismos derechos y las mismas obligaciones, es decir, no hay un sindicato especial o un sector especial para los trabajadores extranjeros, se incorporan a su sindicato, a las ramas de producción de nuestra
organización sindical: metalurgia, construcción o administración.

JBR: Debe haber algún nivel o algunos casos de racismo y xenofobia aún dentro de la clase trabajadora española, Comisiones Obreras, ¿cómo trabaja ese tema?

CAC: Sí, es cierto, digamos que es un problema, más que difícil, novedoso en muchos casos. España es un país que tradicionalmente ha sido exportador de trabajadores, un país de emigrantes. En América les ha ido muy bien, hay muchos gallegos por ahí sueltos, en el siglo pasado, cuatro millones de españoles salieron de España a buscar trabajo y, de hecho, hoy todavía hay un buen número de españoles naturales fuera de España, muchos de ellos en América, unos cuantos en Colombia, muchos en Venezuela, en México, en Argentina.

Pero durante los últimos diez años la tendencia se ha invertido totalmente. España se ha convertido en un receptor de inmigrantes, de trabajadores extranjeros, más de un millón y medio en los últimos cinco años, claro, eso es un choque cultural para quien está acostumbrado a lo contrario.

No existe un elevado nivel de racismo entre los trabajadores, ni siquiera en la sociedad, y de forma particular no existe con los trabajadores latinoamericanos fundamentalmente, hay una identidad cultural, idiomática, de todo tipo que, en cierta medida, facilita las cosas; es cierto que se dan situaciones difíciles, pero más achacables a otras causas: la precariedad del trabajo, la falta del mismo, la búsqueda de empleo, o a una mala situación laboral, en todo caso el sindicalismo combate estos problemas de forma importante, si es necesario, en los casos de racismo denuncia en los ámbitos judiciales e intenta con una campaña permanente para informar a sus afiliados y acostumbrarlos a la presencia de unos trabajadores que hasta hace pocos años no existían.

JBR: Cambiando de tema, acaba de presentarse el proyecto de constitución europea, y de otra parte, pronto se van a incorporar a la Unión Europea diez nuevos países miembros, ¿cuál sería el reto de Comisiones Obreras y del sindicalismo europeo frente a la profundización e integración, ya no económica, sino sobre todo política de Europa?

CAC: Durante los últimos cincuenta años Europa ha hecho un esfuerzo, verdaderamente notable en obtener un alto grado de corresponsabilidad, de integración y de esfuerzo en un objetivo común que no sólo es económico sino también político y social. En ese esfuerzo los trabajadores europeos han tenido un papel muy importante, al cual no se le ha reconocido todavía su protagonismo, todos los derechos a los que deberían haber accedido,
aunque sólo fuera por el esfuerzo realizado.

Pero en todo caso, la asociación europea de sindicatos, todos los sindicatos europeos desde hace muchos años mantienen una estrategia y una política común en cuanto a la necesidad de la unión y de lograr mayores grados de participación política y social de los trabajadores. En todo caso, la ampliación es un hecho positivo que obligará hacer nuevos ajustes y sacrificios en algunos casos, pero que ayudará a consolidar un proyecto que ha conseguido que después de haber superado dos guerras mundiales y otros conflictos regionales, se haya creado un espacio de amplia proyección económica, pero sobre todo de ciudadanía y de paz, la cual me gustaría que se pudiera extender a otras partes del mundo.

JBR: ¿Qué tanto pesa la confederación europea de sindicatos en la vida de sus organizaciones afiliadas?, ¿Qué cambio ha habido? Pues en la medida en que la integración
se produce, la integración de las organizaciones sindicales también se da, ¿cómo ha variado en las últimas décadas, cómo viven los sindicatos españoles un proceso de integración europea de los sindicatos?

CAC: En los últimos diez años se ha intensificado de una forma acelerada el proceso de integración sindical, paralelo al de integración política, económica y social de los Estados europeos. Desde hace veinticinco años la confederación europea de sindicatos viene intentando generar estrategias comunes. Después de la caída del muro y de una recomposición internacional del mapa sindical, se ha producido un debate mucho más intenso en cuanto a la necesidad de articular políticas comunes en el marco europeo por parte de los sindicatos, esto es lógico, la soberanía nacional se ha venido reduciendo de una forma amplia y voluntaria a favor de un marco normativo jurídico y político supranacional, europeo, grandes políticas económicas o monetarias ya no están en manos de la Unión Europea.

Las grandes empresas europeas son empresas transnacionales, y la legislación europea obliga a que las empresas transnacionales radicadas en Europa tengan una representación sindical, proporcional a los países donde tienen presencia en el continente, los comités de empresa son comités en el ámbito europeo, eso requiere de una política sindical europea. Por supuesto que la fuerza sindical tiene su autonomía, su estrategia, su política, su soberanía, pero cada vez más se articulan herramientas y discusiones comunes para conseguir hacer un contra poder sindical a decisiones que por otro lado están en lo empresarial y lo político, más allá del ámbito nacional.

JBR: ¿Usted cree que llegue el día en que no haya organizaciones sindicales en los países miembros de la Unión, sino más bien una gran federación sindical europea?

CAC: Es probable que en un lapso de tiempo, a lo mejor no muy corto pero tampoco muy largo, no haya una gran federación. Hay una claridad y es que la identidad cultural europea es muy rica, son decenas de siglos de historia nacional, tenemos una diversidad lingüística importante y eso siempre, aun en un marco de mucha integración política y económica, supondrá la existencia de referentes nacionales. Pero probablemente a lo que asistiremos, no sea tanto a una desaparición de las estructuras sindicales sino, en un plazo de tiempo relativamente corto, a una sesión amplia de soberanía a estructuras sindicales supranacionales, bien sea a la confederación o a las federaciones de industria de carácter sectorial en el ámbito europeo.

JBR: Al mismo tiempo que las organizaciones sindicales españolas y europeas se integran cada vez más fuerte en un espacio sindical europeo. España tendría la particularidad de tener una institucionalidad y una sociedad bastante plural y una estructura sindical confederal, es decir, donde las regiones autonómicas tienen un papel importante, en Comisiones Obreras, ¿cómo funciona un sistema de confederación de organizaciones regionales?

CAC: Empleando la subsidiaridad y el sentido común y a veces no en ese orden. El modelo político español se basa en una gran competencia de las políticas de las regiones, en diecisiete comunidades autónomas y dos ciudades autónomas que tienen un nivel de competencias muy alto, prácticamente todo, menos la defensa, la política exterior y las normas básicas, las leyes básicas de la educación, de la política laboral, pero la aplicación, el desarrollo de esas normas en cada comunidad autónoma es de su responsabilidad, por lo tanto las estructuras sindicales en relación con el poder político obviamente también tienen una gran autonomía.

Al tiempo existe una estructura federal de ramas, de sectores, de gran importancia en el sindicato, sectores industriales, de servicios, o del sector primario y todo eso hay que hacerlo funcionar en una confederación que tiene un espíritu, valga la redundancia, confederal, entonces se siente el sindicato de todos y cada uno de sus afiliados en su extensión, independientemente de su procedencia laboral o territorial. ¿Eso como funciona? Pues haciendo que cada uno cumpla su responsabilidad en el ámbito que la tenga y que ésta se vaya ejecutando de forma subsidiaria, es decir, a quién le corresponda debe cumplirla. En la negociación colectiva
de un convenio del sector metalúrgico de una región, así sea competencia del sindicato autonómico y de su sector metalúrgico en esa región, la competencia de la negociación del sistema de pensiones o del seguro social, que afecta al conjunto de los trabajadores, será competencia de la confederación, en todo caso con mucha discusión, mucho diálogo, debate y mucho respeto.

JBR: En España, el actual gobierno ha sido duro con el nacionalismo vasco y lo ha tratado de manejar por la fuerza, ¿cuál es la posición de Comisiones Obreras frente a la política gubernamental en el caso del país Vasco y ante el programa de los nacionalistas de avanzar hacia una autonomía mayor por la independencia?

CAC: Primero, una autonomía mayor es difícil, no sólo en el País Vasco, sino también en Cataluña, porque en ambas existe un parlamento propio elegido en elecciones generales, un gobierno propio que goza de competencias, las cuales, en el caso del País Vasco, incluyen la recaudación de impuestos, es decir, las únicas competencias que le faltan al país Vasco, para no considerarse un Estado son las de emitir sellos de correo y tener un ejército propio, porque policías si tienen; el resto, la sanidad, la educación, la policía, la política fiscal, la política social son competencias que se administran desde un gobierno y un parlamento elegidos en elecciones.

Más allá de eso hay formas políticas que pueden aspirar a más, ninguna de las formas políticas democráticas que se reclaman nacionalistas mantienen en su programa la independencia como un objetivo final, y además en Europa unida, en la que cada vez tienen menos competencias los Estados y más competencias la Unión, y cuyo marco institucional y sus relaciones son muy plurales, no tiene mucho sentido reclamar un Estado diferente; cuando los Estados son fuertes y poderosos uno puede querer ser un Estado, pero cuando son débiles y subsidiarios, esta aspiración no tiene mucho sentido.

Efectivamente el gobierno mantiene una política de hostigamiento absoluto, más por razones electorales que de orden político contra algunas sectas nacionalistas, y digo algunas porque algunas agrupaciones nacionalistas catalanas tienen un pacto de gobierno por lo cual son unas sí y otras no. Lamentablemente, como en otras partes del mundo, existe una banda terrorista que, si alguna vez tuvo, perdió toda su razón de ser desde hace muchos años, su existencia no tiene ningún objetivo, pues no hay falta de democracia en el País Vasco, hay elecciones, hay un gobierno propio, incluso gobiernan las fuerzas nacionalistas, es decir, no hay ninguna razón objetiva para ampliar la violencia o el asesinato, lo cual se hace más por razones de orden mafioso.

Pero para el gobierno es muy fácil, ante el repudio y el rechazo que la población tiene a los actores de violencia contra los civiles, utilizar el problema del terrorismo para intentar amortiguar las competencias políticas de fuerzas o proyectos políticos que no le pueden ser afines.

JBR: ¿Las Comisiones Obreras han sido víctimas de la violencia en el País Vasco?

CAC: Sí, en los últimos tres años cuatro dirigentes sindicales han sido asesinados por ETA en el país Vasco, pero es lo que sucede con el partido socialista o con el partido popular o con cualquier miembro de la zona de seguridad, con cualquiera, todo el mundo es objetivo militar, los dirigentes sindicales, los dirigentes políticos han sido asesinados, estas bandas armadas han impedido el ejercicio de la libertad sindical, libertad de opinión, de exclusión, de manifestación, y por lo tanto todos somos objetivos; la violencia no tiene justificación en ningún caso, y por eso es tan importante la fuerza que ha tomado la salida democrática, la construcción y el ejercicio de las libertades en el País Vasco.

Autor: Juan Bernardo Rosado

Publicado el (día/mes/año): 15/03/2005


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